Hasta lo más populares atletas lo han hecho alguna vez. A pesar de que no sea lo ideal y de que al menos nosotros somos partidarios de entregarlo todo hasta el final, hay momentos en que el sufrimiento físico parece superar a la mente que intenta por sobre todas las cosas mantenerse firme.

En el caso nuestro, en nuestros primeros 21k, la verdad es que no podemos decir que “lo pasamos bien durante toda la competencia”, porque no fue así, al menos no en el kilómetro 15. Una torcedura leve de pie amenazaba con quitarnos todos esos entrenamientos y todos esos sueños puestos en esta carrera que se convertiría en nuestro primer medio maratón, a pesar de este traspié continuamos y contra todo pronóstico llegamos a la meta, con tono facial un poco pálido, pero habíamos cumplido.

¿Y SI ME SIENTO FRACASADO/A?

No se trata de fracasos ni de derrotas, a pesar de que siempre lo más importante es llegar a la meta, hay muchas veces factores que lo impiden. Pero somos de la idea de que no importa el tiempo que demoren, en las primeras carreras también caminábamos si lo necesitabamos. Ahora ya no hay detenciones, pero en un comienzo no le teman a caminar un poco si lo necesitan.


¿Y SI ME DETENGO DE UNA VEZ?

Esto si que no es recomendable, ya que si se detienen en medio de una carrera es muy perjudicial para poder volver, ya que retomar será muy complicado después de llevar un ritmo constante.


¿PARTIR RÁPIDO PARA LLEGAR PRONTO?

La clave más que partir lento o rápido es dosificar, es encontrar un ritmo de carrera que permita no abandonar, que los ayude a mantener una constancia de esfuerzo de manera que cuando lleguen a la meta lo hagan de buena manera.

Si alguna vez abandonaron, no se sientan mal. Lo bueno de esas experiencias es que nos enseñan a que nuestro cuerpo y mente son capaces de más. Y en base a eso intentar una y otra vez, hasta encontrar el entrenamiento perfecto para evitar experiencias como estas, que si bien nos ayudan también nos dan esa cuota de frustración que cuesta manejar.